12.5.11

Ciudad Ardiendo


Dentro de la sección "Arquitectura sin arquitectos", en Subterritorios.net, contamos de nuevo con la colaboración de  Francisco Álvarez Lloret . En "Ciudad Ardiendo", nos habla del paradigmático caso de Detroit, ejemplo crucial de la ciudad capitalista estadounidense, y que representa el declive urbano de la cultura estadounidense como paraiso productivo, y un caso en directo de la desaparición de una ciudad. En este artículo, se evidencian los procesos catarticos sociales y simbólicos derivados de la destrucción de una ciudad.

Fuente:Marchand & Meffre 


Detroit es una de las áreas metropolitanas norteamericanas (4.400.000 habitantes aproximadamente) más castigadas en la segunda mitad del siglo XX y principio del XXI por problemas sociales y económicos. Conocida como ‘la ciudad del motor’ es sede de General Motors o Ford, principales valedores históricos de la industria automovilística estadounidense, y que llevan soportando  en las últimas décadas continuas pérdidas por la creciente pujanza del empuje asiático. Su fuerte carácter industrial y deteriorado, es patente en todos los ámbitos sociales, económicos y culturales de la ciudad, incluso con gran influencia sobre el nacimiento del Detroit Techno en los 80, caracterizado por los sonidos contundentes e industriales reminiscentes de las cadenas de montaje. Detroit sufre uno de los niveles más altos de criminalidad de EEUU (recordar que Detroit es el escenario de Robocop’, donde una desbordada policía apuesta por un cyborg ultraviolento para detener la espiral  de delincuencia en plena era Reagan), y una alta tasa de desempleo y problemas sociales (reflejada en, entre otras,8 millas, con el paro asolando a la población negra y conflictos étnicos en la ciudad), que ha conllevado un declive pronunciado en su demografía, disminuyendo su población en cientos de miles de personas que emigran hacia zonas más prósperas. Consecuentemente, la situación deviene en un abandono de miles de edificios en toda la ciudad, donde incluso arquitecturas de gran valor como el Teatro Michigan (usado actualmente como parking) o la torre Broderick se encuentran en estado próximo a la ruina. Este brutal ocaso urbano ha sido mostrado en trabajos como el libro ‘The ruins of Detroit’ de Yves Marchand y Romain Meffre, en el que documentan la progresiva desintegración de la ciudad y fotografían antiguos equipamientos y edificios, totalmente abandonados y ruinosos.

Fuente:Marchand & Meffre 

Fuente:Marchand & Meffre 
Este proceso de decadencia urbana y descontento colectivo cristalizó en la denominada Noche del Demonioen la jornada previa a Halloween. Tradicionalmente, parte de la parafernalia de las celebraciones de Halloween consistían en actos de gamberrismo ‘ligero’ (tirar huevos, envolver con papel higiénico árboles o porches…), pero tras la década de los 70, las celebraciones degeneraron en actos de incendio de edificios abandonados, aprovechando el infinito parque inmobiliario vacío y en ruinas y los enormes problemas sociales de todas las capas de la ciudadanía. Esto se potenció con incendios provocados por los propios dueños de las construcciones, que buscaban el cobro de las primas de seguro dada la imposibilidad de vender los inmuebles.  A los incendios que asolaban anualmente cada ‘Devil’s night’ la ciudad, se añadía la actuación de bandas de delincuencia callejera que incrementaban espectacularmente las acciones de pillaje y vandalismo en esa noche. En 1984, más de 800 edificios fueron calcinados en la ‘Devil’s night’ y en 1994, 200 edificios ardieron, una niña murió asesinada, otra fue hospitalizada en estado crítico y 300 adolescentes fueron arrestados por incumplir el toque de queda decretado por las autoridades para prevenir desórdenes. En la década de los 90, un plan de choque del Ayuntamiento de Detroit (la ‘Noche de los Ángeles’) logró reducir los incendios y disturbios, con voluntarios, vigilancia y toque de queda. No obstante, en 2010, la Noche del Demonio dio como resultado 169 edificios destruidosEsta destrucción, próxima a un fenómeno ritual, de la ciudad en la Devil’s Night, va más allá de una rebelión juvenil o vandálica, y muestra la total ferocidad y respuesta de la población ante su situación actual y futura, la desesperanza frente a una ciudad abandonada y decadente que se ha convertido en  jaula. En un gueto que prefiere arder a modo de sacrificio casi tribal y al cual no se considera hogar, y que conecta irremediablemente con los incendios de ciudades como actos de purificación, y de destrucción selectiva o masiva.


Francisco Álvarez Lloret