20.6.11

Las Páginas de Malika (II)

Segunda carta de  Carlos Pita  en Las Páginas de Malika.

  

Saludos , Carlos


De nuevo una nueva página de Malika.


Probablemente pensarás que el texto de hoy tiene poco que ver con la arquitectura. Tal vez sea así, ya me dirás. Pero si lo lees desde la óptica que nos imprime el oficio probablemente sea excesivamente arquitectónico. Nunca deberíamos ser arquitectónicos ni “arquitectonísticos”. (Peter Eisenman lo es). Sería nuestra muerte. Glenn Gould, en un pasaje de la película “El Alquimista”, afirma que rechaza a los compositores pianísticos.  A eso mismo me refiero.  Hay que intentar leer estas páginas con una mirada libre de ideas preconcebidas y de academias varias, siempre tan plúmbeas, como con pasión nos hizo ver  Le Corbuier en muchos de sus escritos. Libre también del oficio.

Si te soy sincero, y evidentemente también muy contradictorio, al encontrar la página inmediatamente pensé en la necesidad de los límites, en la necesidad que tiene la arquitectura de medirse con y en los límites.

Puede que sea ese mirar de constructor, de arquitecto, lo que me hace ver en cada una de las páginas trascritas por la misteriosa argelina un mensaje encriptado que va directo al hacer y pensar de nuestra disciplina.*!

Pero por esto mismo, las páginas de Malika (me gustaría creer que por alguna extraña carambola  de la vida, por alguna de esas casualidades tan del gusto de Paul Auster, ella llegase a leer sus paginas en tu blog. ¿Que pensará cuando vea escrito su nombre y su historia?) no deben leerse exclusivamente con la mirada, que queramos o no, imprime nuestro oficio.

De hacerlo así sería realmente empobrecedor. Acaso miras como arquitecto a las mujeres?, y  un amanecer?. Entre las muchas cosas que aprendí escuchando a Don Xabier una es la de buscar, con curiosidad, la mirada del otro. Con alegría. No limitarse a un único modo de mirar(y cuando digo mirar entiende que me refiero a los cinco sentidos y al mismo pensamiento).

Lo dicho , espero que disfrutes leyendo esta página del gran Chesterton que Malika, sin saberlo, nos dejó escrita.


¿Y si ella lo tuviese todo planeado?.


Bueno, Carliños, te dejo con la segunda página de Malika. Dentro de poco te enviaré otra, si te parece oportuno.


Un abrazo de oso



Carlos Pita



*1 Antes de escribir disciplina, escribí arte. Pero me sentí extraño y lo borré. ¿Por qué?. Me llevaría demasiado tiempo explicarlo y este es el espacio para las páginas “da nosa meiga do deserto”. De todas formas ya conoces mi afición a utilizar la palabra “BAUKUNST”, con lo mucho que ello significa. Como ya sabes BAU en alemán significa construcción , y KUNST, arte. Wright cuando se refería a su maestro Sullivan  le llamaba “Baumeister”. Deseo que algún día lleguemos a serlo. Además siempre que escucho la palabra artista pienso en Carmen Sevilla y en Marujita Díaz bien emperifolladas acudiendo como tales a las onomásticas del Borbón (que no me escuche Don Xabier llamando a su rey de esta manera, jejeje… Nuestro rey, Don Xabier, nuestro rey…:-)


La descripción poética de los primeros sueños de la vida suele ser un simple deseo de horizontes cada vez mas amplios. Se supone que la imaginación se proyecta hacia el infinito, a pesar de que en ese sentido, el infinito sea lo opuesto a la imaginación, porque la imaginación funciona con imágenes, y por naturaleza, una imagen es algo que tiene un perfil y por lo tanto un límite. Sostengo, por paradójico que pueda parecer, que el niño no desea simplemente lanzarse por la ventana, volar por los aires o hundirse en el mar. Cuando desea ir a otros lugares , lo deseado siguen siendo lugares en los que nadie haya estado nunca. Pero en realidad, el asunto es aun más complicado. A la luz de los hechos, está claro que el niño está enamorado de los límites. Utiliza su imaginación para inventar límites imaginarios. Ni la niñera ni el ama de llaves le han dicho nunca que tenga el deber moral de pisar las losas alternas del pavimento. Deliberadamente, él elimina del mundo la mitad de las losas del pavimento para divertirse con el reto que se lanza a sí mismo. Practiqué ese juego con todas las esteras, tarimas y alfombras de la casa, y aun a riesgo de que me encierren por ello he de admitir que aun sigo practicándolo. En ese sentido, siempre he tratado de recortar el espacio que realmente tenía a mi disposición; he intentado dividir y subdividir en esas felices prisiones la casa que podía recorrer con absoluta libertad. Creo que en este capricho psicológico hay una verdad sin la cual el mundo moderno está perdiendo su principal oportunidad. Si observamos nuestros cuentos infantiles predilectos, o si por lo menos tenemos paciencia para releerlos, nos damos cuenta de que sostienen este punto de vista, a pesar de que durante mucho tiempo se haya pensado que apoyaban el punto de vista contrario. El encanto de Robinson Crusoe no está en que logre encontrar el camino hasta una remota isla, sino en que no pueda encontrar el modo de salir de ella. Eso es lo que dota de interés y emoción a todas sus posesiones en la isla: el hacha, el loro, las armas y el pequeño depósito de grano. La historia de la Isla del Tesoro no es el testimonio de un vago deseo de embarcarse en un viaje por motivos de salud. Termina donde empezó, y empezó con Stevenson dibujando un mapa de la isla con todas sus bahías y cabos, recortados nítidamente como si fuera una greca. Y el eterno interés que despierta el Arca de Noé, considerada como un juguete, se debe a que transmite la idea de solidez y aislamiento, de criaturas fantásticas y lejanas entre sí, encerradas juntas en una caja, como si se le hubiera encargado a Noe que metiera la luna y el sol en su equipaje. En otras palabras, es exactamente el mismo juego que yo practicaba cuando apilaba todo lo que quería en un sofá e imaginaba que la alfombra que tenía a mi alrededor era el mar.

Este juego de ponerse límites es uno de los placeres secretos de la vida. Como dicen los manuales sobre este tipo de entretenimientos, se puede jugar de varias formas. Una buena forma de jugar es mirar la estantería de libros mas cercana y preguntarse si uno se divertiría suficientemente con esa colección aleatoria de libros en el caso de no tener otros. Pero el elemento dominante es siempre ese principio de división y restricción que comienza con el niño jugando con las losas del pavimento. Insisto en esto porque, en lo que a mí respecta, debe entenderse como algo autentico y firmemente arraigado si pretendo que tengan sentido el resto de opiniones que he expuesto sobre este asunto. Si alguien dice que he basado mi filosofía social en los juegos de un niño, estoy dispuesto a inclinar la cabeza en señal de asentimiento y sonreír .

G.K. Chesterton. Autobiografía.                     

Traducción O. De Miguel. Ed- Acantilado 2003.